De Chonchi a Valdivia (Parte 1)



Un 2006 me tocó la experiencia, de habitar, temporalmente, para estudiar, en Valdivia.
Desde una ciudad apacible y colorida, Chonchi, en la que yo vivía; tuve que salir de la Isla… para encontrarme con otra ciudad grande y fluvial. Al salir de Chonchi no tenía ningun objetivo con venir a Valdivia sino a estudiar en la Universidad…
Y al llegar todo era confuso, los vehículos pasaban rápido, habia demasiada locomoción, todo era lejos, había mucho ruido… pero tenía que ir por primera vez a la Universidad. Llegué a una cabaña pequeña, con respecto a mi casa, y ahí me tenía que hacer la idea de vivir, con otro contexto alrededor…
Me encontré con un mundo en el que nadie mira a otro en la calle, en el que habían muchas casas antiguas, en el que había un río grande y mucha gente caminando al lado del mismo; en el que había que trasladarse en micros viejas y saltarinas… ahí me daba nostalgia estar en Chonchi, donde la tranquilidad se respiraba, en el que la familia estaba siempre al lado de uno, en la casa… pero había que irse acostumbrando al quehacer valdiviano.
Fui por primera vez a la Iglesia evangélica, me encontré con un templo pequeño, casi imperceptible desde la calle, pero muy largo por dentro.
Al entrar habían dos personas en la puerta saludando y muy cariñosamente aunque no me conocieran. Me senté en una de las bancas y me di cuenta que habían muchos coros, eran 3 y cantaban distintos estilos cada uno, también percibí que cantaban rápido y con melodías diferentes a las que me había acostumbrado… me tenía que acostumbrar a aquello. Vi al pastor predicando el sermón con seguridad y determinación, y por detrás a un coro instrumental que miraba hacia adelante.
Al terminar aquella reunión, mi hermana -que ya había llegado antes a estudiar- me presentaba a algunas personas que ella conocía, me decía: “él es….., él se llama….”, y yo saludaba sin conocerles; sin saber que posteriormente serían mis amigos y gente más apreciada.
Un día, en la Universidad, me pidieron hacer un trabajo con maderas y clavos, o sea, de carpintería…… “¿Qué hago?” yo no se nada de esto- decía yo, y de pronto mi hermana me dijo: “¡Yo conozco a alguien que sabe, alguien que es de la iglesia!”, así que me contacté con esta persona y vino y me ayudó. Después esta persona me invitó a su casa y me ayudó a construir aquel aparato de madera. Por ende conocí al otro habitante de la casa que era su padre, un caballero de 68 años de lentes y muy amable. Era viudo, estas dos personas eran los únicos habitantes de la casa y a las 2 de la tarde me invitaron a almorzar pues estaba en la casa.
Comí, con un poco de timidez pues eran ellos desconocidos, pero me inspiraron confianza. El mayor (padre) me preguntaba de dónde era, dónde estudiaba y me dijo: “Puedes venir cuando quieras a almorzar acá”, yo simplemente decía “bueno”.
La primera vez que fui a un local pequeño perteneciente a la Iglesia donde estuve el domingo, resulta que las mismas personas que vi recién, asistían allí. Uno era jefe del coro instrumental -que por cierto era más pequeño que el coro anterior- y el otro estaba en la congregación. Ahí me acordé de sus caras. Y vivían cerca de ahí.
Observé desde la banca de la congregación muchos hermanos mayores, mucha gente simpática y eran bien preocupados de mí, del recién llegado.
Al final de la reunión ellos me saludaban cariñosamente, incluso el caballero de 68 años que ya yo ubicaba, que me miraba con sonrisa en su cara. De repente me dijo el jefe de coro: “Si quieres, puedes traer tu instrumento acá y ser parte del coro”, yo afirmaba feliz.
Por esos primeros días universitarios no conocía nada de la ciudad de Valdivia, y por tanto tuve que ir a la Información Turística a pedir un plano de la ciudad. Así fui mirando el mapa para llegar a mi casa provisoria; iba perdido, mirando todo a mi alrededor; y caminaba y caminaba… hasta que afortunadamente llegué sano y salvo.
Tenía que salir periódicamente a la ciudad y dibujarla mucho, pues así era estar en Arquitectura ese primer año.
Un día lunes, me dijeron que había un culto de jóvenes en la Iglesia, así que fui para conocer esta reunión. Me encontré con muchas personas activas en la forma de cantar, que por cierto eran canciones más actualizadas que las que yo cantaba antes; sin embargo, pocos me saludaron, pero estuve allí haciendo lo que me correspondía hacer. Me preguntaron si quería pasar a presentarme ante los hermanos pares, dije que no pues me daba vergüenza hablar ante demás que no conocía.
Llegó el martes, fui al Taller de Arquitectura, afortunadamente duró poco, y en la tarde fui otra vez al local de una calle que se llamaba Camilo Henríquez… sentí que el culto estuvo más agradable; y ahora, yo tocaba mi instrumento en el Coro, como lo hacía allá en mi ciudad. Al final de ésta, el mismo caballero, ahora hermano en la fe, que me ayudó a hacer el aparato de madera me invitó nuevamente a su casa a comer y yo accedí. Fui a su casa, mediana, y ahora con más detención veía en las paredes cuadros alusivos a la Biblia, también me pareció curioso un “agradecimiento” de defunción de la esposa de dicho hermano viudo… Y de esta forma, sin preguntar, iba conociendo la historia de aquella familia; y más tarde me hice amigo de su hijo, de treinta y tantos años, cosa que parecía insólita, pues yo era de diecinueve, con mi visión de las cosas de adolescente y él de una visión más amplia respecto de la vida. La familia era especial, muy cristiana en aspectos valóricos; todo estaba en orden y la comida que me dieron fue en gran cantidad. Nunca había comido tanto en poco rato…
En el mismo anexo de la iglesia conocí a una hermana de la iglesia de mi misma edad que se llamaba Andrea, y que también estudiaba en la Universidad, periodismo; y era simpática. Su madre también. Pero ambas tenían rostros de alegría mezclados con melancolía. Me dijeron que hace poquito murió el padre de aquella familia, y ahí me di cuenta de por qué estaban así; pero a pesar de esto eran amorosas con los demás y conmigo. También conocí a un joven hermano que trabajaba como carabinero, y era bueno para hacer oraciones. Por su profesión, tenía el cabello muy corto y decía “Amén” muy fuerte. Según su comportamiento, se notaba alegría en su vida y era uno de los que frecuentaba la casa del hermano de 68 años. Asimismo a muchos hermanos conocí, que fueron importantes para mí.
Después me dio por ir más a la reunión de juventud, en el que muy poco iba. Me empezó a gustar las canciones que ellos cantaban, pero sin dejar de lado las alabanzas que había aprendido desde niño. Pero aún así había recibido beneficios como el estar más contento o como haber sido promovido al coro instrumental.
Posteriormente conocí a muchas personas: A un hermano moreno llamado Héctor, el que era secretario del grupo juvenil y saludaba a todos amablemente; Al jefe de aquella juventud que se llamaba Mauricio, a un joven llamado Roger que se destacaba visualmente por sus lentes, y que recién había egresado de estudiar auditoría.
También conocí a un joven hermano, llamado Daniel, que tocaba el teclado -por aprendizaje autodidacta- y que aparentemente se veía altivo por sus conocimientos, pero que realmente era una persona sencilla. De él, con el paso del tiempo nos hicimos muy amigos, y asimismo conocí a sus padres, que se destacaban por cantar muy bien en el coro polifónico, y justamente vivían detrás del templo, por lo que frecuentemente me invitaban a su casa a almorzar o a alojar, sumado a que fui siendo un amigo de la familia.
Una serie de experiencias nuevas comencé a vivir en Valdivia; a pesar del alejamiento con mi familia, en el ámbito de distancia; pero que en parte vi compensado con el cariño de las personas que conocí en la iglesia.

U N     P O S T     D E     A R Q U I T E C T U R A    |    2 0

ex INQUIETUDES a los 20

Raúl Meza Lorca | Todos los derechos reservados

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Acerca de Raúl Meza Lorca
Arquitecto, de la Universidad Austral de Chile. Diplomado en Tipografía, en la Universidad de Chile.

One Response to De Chonchi a Valdivia (Parte 1)

  1. Ester says:

    bueno tienes la misma experiencia de la mayoria de los chicos que llegan a estudiar a valdivia,
    pero comparandote con el resto eres el unico que no llego dandose aires de grandeza porque venia a estudiar en la universidad y eso es muy valorable en ti, ademas demuestra que eres una linda persona.bueno adios

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