¡Por fin terminé la maqueta!


– ¡¡Por fin terminé la maqueta!!

Me decía yo, después de un arduo trabajo de Taller que había comenzado a las diez de la noche del día anterior, y miré la hora: había terminado (pegando la última casita) a las ocho y media de la mañana, con toda una madrugada trasnochada.
Me puse a mirarla, a contemplar esos cubos y casitas y proyectos de cartón forrado llenos de hilitos de silicona caliente tirados; en realidad el resultado final parecía de pocas horas de trabajo, pero detrás de ello estaban esas horas de madrugada con cartones y cortapapel en la mano… y el resultado era una especie de muelle en un río ancho y navegable.

Tenía que entregarla a la universidad a las diez de este día, “¿duermo o no duermo ahora?”, me pregunté… pero decidí que no, pues mi sueño es traicionero. Me alisté para llevarla a la Escuela de Arquitectura ese momento, barrí el espacio en el que trabajé y lo dejé reluciente. Por último le puse la gran bolsa a la maqueta, pero, ¡se puso a llover fuerte! Para mí fue la guinda de la torta de las desventuras de madrugada. Al salir a tomar la micro número veinte, iba a llegar a la esquina de la calle cuando de repente ésta atraviesa frente a mis ojos, pasa de largo, y me enojé pues perdí quince minutos para que llegue la otra.

La espera fue eterna, pero antes de la que yo deseaba, llegó una micro de otra línea que era un poco obsoleta, y en medio de mi apuro por llegar a la hora, me subí a aquella. Lo primero que tenía que hacer era subir rápido y desplazarme de la misma forma, pues en esta locomoción no se permite ir lento. Percibí al subir fue a un chofer con cara de “Ah, tenía que subirse un estudiante de arquitectura” y a los demás pasajeros con ojos grandes mirándome con mi maqueta a cuestas; y yo caminando apenas, sin soltar mi trabajo; yo parecía discapacitado al no poder desplazarme con normalidad por el angosto pasillo del vehículo.
Me ubiqué atrás, en los últimos asientos; pero vi al conductor mirándome otra vez con cara de “págame el pasaje” (aún no le había cancelado, por mis dificultades)… abrí mi billetera para sacar ciento y algo pesos entre los movimientos bruscos y estrepitosos de la micro, mientras con mi otra mano sostenía la frágil maqueta. Pagué y volví inmediatamente al asiento.
Al avanzar la micro hacia la universidad, muchas personas, jóvenes sobretodo, subían para llegar al mismo lugar… el autobús se repletaba, yo cada vez me encogía más para que la gente pudiera sentarse bien pero sin tocar ni pasar a llevar la maquetilla que tanto me había costado resolverla. Ya íbamos acercándonos al puente que atraviesa el río, la micro y yo y la maqueta saltando; pasamos al otro lado, y saltamos de la misma forma, “Ay ay ay, no le vaya a pasar nada malo a mi trabajo”, y escuchaba un sonido sospechoso al interior de la bolsa donde iba la maqueta, parecía que se desprendió algo…
Cuando llegamos al paradero después de dar muchas vueltas incómodas por una rotonda, esperé a que bajaran todos para yo descender último sin estorbar ni ser estorbado por mi carga… hasta que se bajaron todos. Yo ya iba a salir, pero la micro estaba en marcha para irse al centro de la ciudad,

– ¡Espere! ¡Voy a bajar! – le dije al conductor y él me miró enojado.

Al caminar hacia la Escuela de mi carrera, miraba para todos lados si es que había alguien de mi curso apurado como yo, pero no había nadie. Me caían goterones de lluvia sobre mi cabeza al pasar por árboles frondosos, trataba de tomar los mayores atajos para llegar pronto al lugar deseado; hasta que de lejos veía ya mi destino y veía la hora: las diez y tres de la mañana, así que caminé más rápido con mi carga que pasaba de una mano a la otra, pues era pesada.
La lluvia tupida me hacía cosquillas indeseables mientras yo anhelaba llegar lo más íntegro posible, y de pronto atravesé la puerta de vidrio de mi escuela. Miraba los rostros de los otros compañeros: ojos rojos en algunos, semblantes caídos y otros con ojeras… “¡Al menos no fui el único!”, me dije al llegar a mi sala.

– Hola, Juan – saludé a un compañero, mirando su maqueta y lámina, que al parecer estaban mucho más producidas y bien hechas que las mías.
– Hola – me dijo apenas.
– Está bueno tu trabajo, ¿a qué hora empezaste a hacer tu maqueta?
– A las doce del día ayer.
– ¿dormiste?
– Sí, como seis horas.

Con esto me percaté que él era más organizado que yo en el tiempo; aún así miraba mi trabajo al que recién le había sacado la bolsa mojada, y le pegué algunos arbolitos que se cayeron. “Bueno, está hecho no más, y yo creo que hice un buen trabajo”, me convencí de aquello, a pesar de que mi maqueta estaba rústica en su factura.
Al final instalé mis trabajos, lámina y maqueta, me paré de lejos a verlas. También observaba a los otros compañeros del taller colgando sus trabajos apenas, y lancé un suspiro; sacándome un gran peso de encima.

Llegó el profesor a timbrar los trabajos y nos dijo que nos vayamos y volvamos a las cuatro de la tarde.

Me marché de la sala, pero antes de salir del edificio fui al baño a ver mi cara cómo estaba de demacrada: “¡Ah! Estoy feo, pero me voy a dormir para recuperarme”, decía.
Al irme de la escuela, cuando volví al exterior había calmado la lluvia; ahí me di cuenta que este mal tiempo sólo Dios lo daba para probarnos. ¡Ay, las cosas de la vida!, yo exclamé enojado; pero al saber que ya había terminado mi trabajo casi eterno, me tranquilizaba.
Miré para atrás, al edificio; miré para adelante, iban otros alumnos apuradísimos y atrasados con sus maquetas para entregarlas… Yo solamente atiné a lanzar el suspiro de descanso.

– ¡Por fin terminé la maqueta! – dije, al comprobar que la loca odisea había finalizado.

U N     P O S T     D E     A R Q U I T E C T U R A    |    2 0

ex INQUIETUDES a los 20

Raúl Meza Lorca | Todos los derechos reservados

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Acerca de Raúl Meza Lorca
Arquitecto, de la Universidad Austral de Chile. Diplomado en Tipografía, en la Universidad de Chile.

2 Responses to ¡Por fin terminé la maqueta!

  1. Ile says:

    oyes esta genial tu blog… jajajaja como me dio risa esta anecdota tuya… me recordo a mi en tiempos de entregas jajajaja, pero yo en metro k es peor aun jajaja Y ya sabes siempre sal de tu casa una hora antes(ya sabes por cualquier imprevisto), y nunca t fijes en el trabajo de los demas, piensa en que lo hiciste lo mejor que pudiste y que tu trabajo vale la pena cuando t esfuerzaste por ello. SAludossssssss. Dios t bendiga

  2. sergio says:

    siiiiiii a todos los estudiantes, y los que estudiamos alguna vez arquitectura, nos pasó eso… en lo que a mi respecta fue siempre jajajjaja y hasta el dia de hoy en las entregas de diseño me amanezco, aunque lo que hay que llevar no es tan grande como una maqueta es igual el trabajo y esfuerzo que se invierte. saludos .

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