Dibujos en el taller | Breves

En 2006, el primer año de mis estudios en la carrera de Arquitectura, todo era nuevo, y me empezaba a habituar a la rutina de corrección-entrega del taller de Arquitectura de la Universidad Austral de Chile, en Valdivia.

En esta oportunidad en que hice el croquis, vino a la escuela un arquitecto alemán, que murió hace dos años, y se llama Ernst Kasper (Q.E.P.D.). Él venía todos los años a realizar concursos de arquitectura y a revisar algunos proyectos de compañeros de distintos niveles académicos; me acuerdo que él corrigió mi proyecto, y luego, me puse al otro lado de la mesa, y un poco aburrido, me puse a dibujar los rostros de las personas que estaban atendiendo a la corrección. Primero, a Ernst Kasper, de brazos cruzados, escuchando lo que decía la alumna corregida (la de la izquierda) a través de la traductora, que está al lado izquierdo del arquitecto alemán. Al lado derecho hay dos profesoras del taller, y el resto son alumnos que estábamos escuchando su cátedra en alemán traducido.

Y graciosamente, se ve a la alumna corregida muy nerviosa, con su mano sobre su boca.

En el mismo año, se nos dio una clase extraordinaria sobre cultura del profesor y antropólogo Matías Uribe, en otra sala del taller, donde igualmente yo en mi aburrimiento quise dibujar el panorama de la clase…

Son algunos momentos de ocio pero de inspiración en el primer año de la carrera, cuando la escuela de Arquitectura aún estaba en sus comienzos, cuando todo era más primitivo, y cuando se estaba definiendo la forma de hacer escuela acá en Valdivia. Y mientras, sigo dibujando; aunque estos croquis son de hace 4 años.

¡Por fin terminé la maqueta!

– ¡¡Por fin terminé la maqueta!!

Me decía yo, después de un arduo trabajo de Taller que había comenzado a las diez de la noche del día anterior, y miré la hora: había terminado (pegando la última casita) a las ocho y media de la mañana, con toda una madrugada trasnochada.
Me puse a mirarla, a contemplar esos cubos y casitas y proyectos de cartón forrado llenos de hilitos de silicona caliente tirados; en realidad el resultado final parecía de pocas horas de trabajo, pero detrás de ello estaban esas horas de madrugada con cartones y cortapapel en la mano… y el resultado era una especie de muelle en un río ancho y navegable. Leer más de esta entrada

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